jueves, 30 de septiembre de 2010
Con la que está cayendo
lunes, 23 de agosto de 2010
Cuando pedíamos deseos
domingo, 4 de julio de 2010
Silencio
jueves, 10 de junio de 2010
Como cada amanecer
Otra despedida de escalofríos,
jueves, 27 de mayo de 2010
Adiós
¡Adiós! Lo sé. Sé perfectamente que esto es un adiós sin despedida. Sin escenas, sin abrazos, apenas un beso en la mejilla y un roce de manos. Un cruce de miradas y hasta mañana. Un hasta mañana que significa adiós. Después de tanto tiempo, ¿qué otra cosa podía esperar? ¿Acaso no es normal que quedemos mañana para ir al cine? Es lo que toca en este momento. Volver a los cines donde fuimos una vez y dijimos que teníamos que volver cuando cambiaran la cartelera. Y de esto hace ya más de un año. Por supuesto. Llevo tiempo queriendo ver esa película pero nunca encontraba el momento. Yo también, pero no encontraba con quien ir. A mí nunca me ha importado ir solo pero tú decías con desprecio que eso era demasiado triste, era tu paradigma del patetismo, tu representación del tocar fondo social ¡Pues me alegro si tú has sido capaz de encontrar compañero de butaca! Pero, si has encontrado alguien con quien beber vino de Oporto, por favor, no me lo digas. No son celos, lo hago por ti. Prefiero pensar que no coges a cualquier beodo aficionado con tal de no hacerlo sola. Eso no. ¿Es que no te he enseñado nada? Si no tienes nadie bueno para beber, bébelo tú sola. Sirve dos copas, siéntate en balcón de tu casa, ese que da a la calle del Tesoro y apura ambas con tragos cortos. Mañana a las ocho paso a buscarte. Y mañana existirá porque nuestro ayer yo lo he matado. Hoy por fin he escuchado tu invitación al concierto de un grupo que ni a ti ni a mí nos gustaba. Claro que voy, ya termino esto mañana. Pero ya no es ayer si no mañana. Ya no estás cerca de mí, no siento tu hálito húmedo hablando de tus pinceles. Háblame, habla sin parar, cuéntame lo que sólo tú sabes, lo que escondes al mundo. Desnúdate y bebamos. Perdamos el sentido juntos en cualquier rincón de mi habitación. Golpea la pared con rabia que no te preguntaré porque lo haces. Tómate otra copa conmigo y di algo inapropiado. Yo te sigo. Pero, no te vayas. No seas agradable, no me hagas sentir bien. No digas que te gusta lo último que he escrito. No hagas nada porque ya sé que te he perdido.
jueves, 16 de julio de 2009
Fuego y azufre
- Seguiría con lo previsto.
- Y si te encontraras con un grupo de, pongamos, diez personas merecedoras de la vida.
- Lo sentiría por ellos, pero debo hacerlo.
- Imagínate que descubres que el número de justos supera con creces al de impíos.
- El odio hacia el grupo de pecadores es más poderoso que la piedad que pueda sentir por esa mayoría silente.
- Y si el responsable de esta situación fuese una sola persona y los demás fuesen inocentes.
- No te equivoques. Aquí no hay inocentes. Todos son cómplices.
Cojo mi Ford Sierra y me dirijo a la oficina. Enciendo la radio y pongo K-Billy y “El supersonido de los setenta”. En el maletero, hay cuarenta kilos de Goma 2. La guantera está llena de cables. Subo el volumen hasta que los altavoces empiezan a vibrar. Clowns to the left of me, jokers to the right, here am I stuck in the middle with you. No siento ningún tipo de flaqueza. Por fin, llego al bloque de oficinas. Mi despacho está en la duodécima planta. Entro en el garaje y aparco el coche en la plaza reservada para el presidente. En la primera plante del parking. Sé que hoy vendrá en taxi. Apago el motor y la radio. Activo el dispositivo que ayer conecté a un Nokia. Salgo y cierro el coche con el mando a distancia. Sin volver la cabeza. Subo a la planta baja y entro en el baño. Me meto una raya de speed y salgo por la entrada principal. Me siento en una jardinera y recorro el edificio lentamente con la mirada. Me pongo los auriculares del iPod y escucho Iron Maiden. Me enciendo un cigarro y espero. Fear of the dark, fear of the dark, I have a phobia that someone’s always there.
Ya son las diez. Son todos los que están aunque no estén todos los que son. Marco el número de la tarjeta prepago que compré ayer. Un tono, dos tonos… Y una lluvia de fuego y azufre destruye toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades y el fruto de la tierra.
viernes, 12 de junio de 2009
La fiesta
Pero, no solo los políticos son la causa de mi indignación sino el electorado. Estamos ante la peor crisis económica desde el crack de 29, el capitalismo se tambalea por culpa de unas prácticas de neoliberalismo feroz y los ricos son más ricos que nunca. Y va el obrero y vota a la derecha. ¡Increíble!
Puedo entender las victorias de la de los partidos democratacristianos de hace una década. La coyuntura económica alimentaba nuevos sueños: un piso de de 90 m2, un coche familiar, vacaciones en la playa... nuestra pequeño estado del bienestar. Y todo gracias a la política económica de un licenciado en derecho que se doctoró haciendo una tesis sobre su propia gestión (ironía). Es comprensible que la masa social votara a los conservadores: querían conservar lo que tenían. Pero hoy se ha demostrado que este sistema no funciona. Aquel espejismo ha desencadenado esta crisis. El modelo necesita algo más que un lavado de cara y, por favor, no demos más dinero a los bancos. ¡Manda huevos! Hasta hace nada pagábamos los lujos de los banqueros con nuestros créditos y nuestra hipotecas, y ahora los pagamos con nuestros impuestos. ¿Acaso ellos pensaban en alguien cunado se forraban a costa nuestra? ¿Acaso van a pensar en alguien cuando pase la tormenta? Además de putas ponemos la cama. Eso sí, cada fin de trimestre presentan unos balances que parecen poco afectados por la crisis. Pero todo esto es otro tema.
De vuelta a las elecciones europeas, la derecha ha ganado. Parece ser que a la gente le gusta lo que hay y quiere seguir así. Se lo han puesto en bandeja y no han querido. ¡Hasta Berlusconi, ese playboy mafioso, ha ganado estos comicios! La socialdemocracia no termina de consolidarse, el “socialismo” no convence y los ultraconservadores y los euro escépticos gana adeptos. ¡Que el mundo se pare que yo me bajo!
Por todo esto, puedo concluir que lo más bonito que vi el domingo fue un suizo llorando bajo la lluvia parisina.